febrero 27, 2003


Borussia Dortmund 1, Real Madrid 1.
Dortmund, Alemania.
Segunda Fase Champions League 2002-2003.


Ayer martes, el fútbol hizo sentirme vivo. Si no te gusta el fútbol, analiza cuándo fue la última vez que algo hizo sentirte vivo. Si te gusta y acaso viste el Real Madrid vs Borussia Dortmund de la Champions League, verás que no fue un partido Cinco Estrellas, pero también tú: cuándo fue la última vez que algo hizo sentirte vivo.

No vi el 1er Tiempo. En cuanto pude, escapé de mi oficina blanca y llegué al Gross Weight Bar en el entretiempo, justo para ver el resumen editado a tres jugadas. Borussia gana 1-0. El arranque del 2do fue un gran resbalón, sirvió para encorajinar a los participantes. El resto del partido, aproximadamente:

Minuto 55
El Real Madrid es propietario del balón y del ritmo de juego. Lo demuestra gradualmente, desde cada punto cardinal, pasando lista. Figo siente correr el tiempo y se altera, pide más el balón. Se altera Zidane, se altera Raúl, se alteran Helguera y Roberto Carlos. El equipo blanco se monta en el rival y es mucho más que él, en forma evidente. Dije evidente, mas no explícita, pues el reglamento del fútbol no permite manifestar en el tablero la superioridad parcial (que sí sucede, por ejemplo, en el tennis o el volleyball, donde se van acumulando puntos en cada juego, juegos en cada set, haciendo más congruente el resultado final). Representa un esfuerzo entender que los blancos van perdiendo.

Minuto 61
En plena aceleración cardiaca Roberto Carlos comete un error casi fatal, tropieza en su propia área y deja el balón a Ewerthon, que falla un gol de dios me libre. El portero Íker Casillas y los centrales están por armar la reprimenda pero bueno, es Roberto Carlos, no pasa nada. Después del gulp, el brasileño vuelve a su motocicleta.

Minuto 63
Ronaldo se ha colado tres veces al área alemana y no ha metido gol, sensación que lo molesta y debilita. Entonces busca tirar desde la media luna, acabar con la fiesta. En un mundo más lindo Ronaldo habría tirado, no interesa si bien o mal pero habría tirado. En cambio lo derriban. Se marca la falta y el Madrid saborea un gol detonado por cualquiera. Roberto Carlos no presta la pelota y corta cartucho, lo cual encarece las pólizas de seguro de los alemanes que se forman en barrera. Empavado y harto, lanza un misil de artillería pesada que evoca una línea cadavérica de Henry Rollins:

I´m death to the touch.

Minutos 70 a 94
Veinte minutos cínicos, de genuflexión y combate interno. El equipo español tiende un campo de fuerza alrededor del área enemiga con Roberto Carlos, Makeleke, Zidane, Helguera, Flavio Conceicao, Guti y Miñambres, sustituto de Figo, acarreando munición a Ronaldo y Raúl. No llega el empate. Se tensa la comunicación entre los madridistas pero se mantiene el orden. Al minuto 90 las bancas, inquietas por la razón contraria, enseñan las uñas y meten un delantero fresco, Amoroso y Javier Portillo respectivamente. El Real Madrid monta un último plan de contingencias, switchándose Zidane a la banda izquierda por Roberto Carlos, que planta su bazuca en un montículo cercano. Las imágenes bélicas no son buena costumbre pero ilustran. Tiempo de compensación, el bombardeo hace más polvo. Los alemanes se han ocultado en el subsuelo llevándose el marcador, pero el centavo Javier Portillo alcanza a meter un pie en el búnker y saca el 1-1.

Qué buen partido. Y qué implacable testimonio de resistencia y convicción del fútbol alemán, que ha materializado el blindaje. Estoy completamente de acuerdo con la lectura del fútbol europeo que hace Leonel Amondarello, periodista venezolano, en su libro Chasquido de moscón que muere. En oposición al fútbol repulsivo-culpable de Italia, que toma vigor en el catolicismo romano, el fútbol hermético-desplegable de Alemania se carga emocionalmente de la memoria de abuelos y bisabuelos que fallecieron durante la II Guerra Mundial a falta de un buen casco. Hoy sabemos que una alarmante mayoría de los caídos tenía balazos en el cráneo, lo que no puede decirse del ejército norteamericano, mucho mejor forrado. No es casual que los grandes capitanes de la selección alemana, de Helmut Rahn a Franz Beckenbauer, de Lottar Matthaus a Mattias Sammer, entrenador de este Borussia, hayan desarrollado su talento en el primer tercio de la cancha, desde puestos de seguridad.


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mr_phuy@mail.com



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